Personajes que se quedan entre bambalinas

Personajes que se quedan entre bambalinas
Personajes que se quedan entre bambalinas
Personajes que se quedan entre bambalinas Cortesía
Mishell Sánchez González
27 de Marzo, 2019 - 00h01
27 Mar 2019 - 00:01

Quien se sumerge en el mundo del teatro sabe que ingresa a un mundo de diversas posibilidades donde la magia no solo está sobre el escenario. Detrás de los telones se vive una serie de escenas, no escritas en el guion, pero que son parte fundamental para el desarrollo de las historias. Para que sucedan las cosas. Entre bambalinas se cruzan maquillistas, vestuaristas, tramoyistas, el sonidista, luminotécnico y los asistentes de todo, que están allí para tener a la mano una utilería, un texto olvidado o una solución.

Todos con su aporte, como el engranaje de un motor, logran que el espectáculo teatral se lleve adelante, desde que las luces se encienden hasta cuando el telón baja y la calma vuelve a su sitio, pero con ese sentimiento de un trabajo bien cumplido.

Se trata del equipo de producción los que disfrutan de su propio show detrás de escenario.

Porque el teatro es así y quien realmente lo ama, lo hace con todas sus partes. 

Christian Valencia, compositor musical, guionista y director

La música en el teatro es nada más una excusa para contar una historia

Hace veinte años Christian Valencia decidió empezar una relación fiel con el mundo de las artes escénicas. Desde entonces, su espíritu inquieto lo condujo a encontrar en el teatro un espacio ideal para contar historias desde la dramaturgia y la composición musical.

“Para mí mover sentimientos en las personas, hacerlas que sientan cosas... Es un regalo hermoso que el arte nos permite”, confiesa.

La primera vez que trabajó en una obra de teatro fue para su tesis de graduación, cuando reunió a más de 20 artistas para llevar a las tablas la leyenda quiteña: Cantuña, el musical, aquí compuso cada una de las melodías, además de estar en la dirección general. Un inicio bastante arriesgado para un joven de 21 años y sin mayor idea de las artes escénicas.

Los años pasaron y los musicales se sumaron a su lista de proyectos realizados: Amante a la Antigua, Julio, Broadway Super Star y Enredos son algunas de las puestas en escena realizadas por él.

Valencia no se ve de otra manera, pues trabajar detrás de los escenarios le significa una linda y diferente forma de llegar a la gente. Cuando un artista le pone voz a un guion o a una composición suya siente que esa creación ya no le pertenece. “El 90% siento emoción, siento orgullo, me encanta que lo hagan suyo, que le metan cariño, me encanta que el actor se apodere”, confiesa.

Al momento de componer una pieza para una obra teatral se pone en el papel del personaje, piensa en su estado de ánimo y lo que quiere transmitir en ese momento al igual que sus aspectos físicos. “Yo pienso qué velocidad tendría al caminar, cuánta fuerza interior tendría...

La música busca acercar un poco más al público al entendimiento de los personajes de manera que no tengas que explicar demasiado”, agrega.

Sus puestas en escena revelan un particular gusto por traer al presente todos aquellos temas de los años 80s, 90s y 2000s. El aguajal de Cruks en Karnak, Un amor así de AU-D, Dicen de Pamela Cortés, Tu lugar de Pancho Terán son algunos de los temas revividos en los dos volúmenes de Enredos, el musical.

“Me encanta más la música antigua que la música moderna. Me encanta el riesgo, yo creo que el arte debe ser revolucionario, debe ser escandaloso de alguna manera”, apunta el portovejense.

Su conocimiento en producción digital y su afinidad con la tecnología le ha permitido incluir mapping en sus espectáculos. En Amante a la antigua la historia demandaba saltar de un época a otra, Valencia se valió de proyecciones de imágenes para recrearlo, de la misma manera se graficaba los pensamientos de los personajes sobre el escenario: “Todas estas son herramientas que ayudan a la narrativa. El mapping te permite abaratar costos, se es más eficiente al momento de cambiar de escenario y te ayudan con el lenguaje visual”.

De pequeño se inventaba canciones, melodías, historias y más. Su piano era su arma de contraataque frente a la vida, a los 14 formó la agrupación Materia Prima y enamoró a más de uno con Solamente pienso en ti. Pero descubrió que el estar frente al escenario no era lo suyo, desde entonces resumió su pasión en un solo verbo ‘crear’.

“Que la gente pueda escuchar una historia, una composición, una canción, ver una obra y conmoverse es algo que es complicado en otras circunstancias y me parece que vale la pena dedicarle la vida a eso”, expresa el también compositor de músicas incidentales para películas y series como Dexter, Grey's Anatomy, Estrella 14 (Documental de Barcelona).

 

Daniela Mora, maquilladora

Arma la estética, personalidad y contexto de un personaje

Cuando Daniela Mora piensa en la palabra maquillaje, automáticamente lo relaciona con el diseño. Para ella la piel de otros es como un lienzo en blanco listo para pintar y caracterizar a exóticos personajes de teatro. No importa si una sola creación le toma una u ocho horas, el maquillaje artístico es algo que le divierte a la joven guayaquileña.

Llegó a ser maquilladora profesional por curiosidad, cuando hace cinco años ingresó a una clase de maquillaje social. “Cuando ya estuve ahí, me di cuenta que era pintar y dibujar en una cara, y como toda la vida me ha gustado pintar y dibujar, me enganché”, cuenta.

Su trabajo se ha visto reflejado sobre las tablas, colaboró en diferentes áreas de maquillaje para Mago de Oz y el Libro de la Selva. De esta última producción destaca a los personajes que más le ha gustado elaborar, el rey Louie en la piel de Francisco Pinoargotti y la serpiente Kaa interpretado por la actriz Carolina Jaume. “Fueron mis favoritos porque usé una cantidad de materiales y colores que no siempre tengo la oportunidad de hacer”, señala Mora.

Y es que en el teatro, el maquillaje busca algo más que embellecer, para Mora se trata de transmitir la estética, personalidad y contexto de un personaje para así situarlo en un tiempo y espacio. “En base a eso se elige una paleta de colores, las texturas, y las formas”, agrega.

En ocasiones, se reúne previamente con el director general y el director de arte del proyecto artístico para conocer el concepto central y lo que buscan. A ella le encanta tener la libertad de crear y armar sus propios bocetos.

Para los personajes del Libro de la Selva empleó un programa de edición digital donde montó sobre la cara de los actores el maquillaje que visualizaba en su mente, pero el resultado no la convenció, por lo que empleó su propio rostro. “Pedí que me presten el vestuario de algunos personajes, me lo probé, y ahí mismo comencé a bocetearme en la cara, porque de esa forma podía visualizar realmente si el maquillaje iba a combinar bien con las formas, texturas, y colores de la ropa”, confiesa.

En el teatro suelen manejarse dos versiones de maquillaje: el artístico que es para la producción fotográfica – audiovisual; y el que es para el día del espectáculo. Esto se debe a la premura con la que se trabaja en la fecha de la presentación y por lo tanto se reduce detalles.

Daniela Mora considera que su formación profesional en diseño gráfico ha sido una buena base al momento de maquillar. Cree que en Ecuador las oportunidades para ejercer el maquillaje artístico son pocas, pues para ella la industria nacional está en desarrollo.

 

Luis Espinel Rendón, Técnico de Iluminación

Con las luces otorga un brillo especial a lo creado

Luis Espinel Rendón cursaba la carrera de actuación cuando por primera vez le propusieron manejar luces para un espectáculo teatral. Sin experiencia alguna pero con la curiosidad a flote se lanzó al ruedo para dar luz y color a los movimientos sincronizados de los actores de Teatro del Cielo.

Bajo la guía de Martín Peña, director de la compañía teatral, emprendió un viaje de doce años como técnico de iluminación. Un tiempo que lo define como enriquecedor y que le fijó una cierta disciplina ya que tenía que ser meticuloso en cada presentación.

Cuando Espinel opera las luces desde la cabina siente que le da un brillo a todo lo creado sobre el escenario. “Tú puedes poner un actor solo y logra transmitir, pero al ponerle luces y sonidos embelleces y amplias esa conexión que puede generar", explica.

Además permite que el espectador ubique la escena dentro de un espacio. Tal como lo recuerda en la obra Luna de Miel...Lotra de sal donde en un momento los personajes se trasladaban a la playa y la combinación de luces con sonido permitían al espectador sentirse en el lugar y hasta percibir el aroma del mar. “Es súper mágico como la parte técnica puede ayudar a sostener un espectáculo”, señala.

Bruma, Hombre y sombra, El gran viaje son obras que también gozaron del trabajo luminotécnico del joven de 32 años. Pero fue en Bruma donde tuvo una participación más grande, pues incursionó en el proceso creativo para armar el plano de luces junto a Peña.

El manejo del sonido también estuvo a su cargo, incluso antes de operar luces. Realizar los dos roles de manera simultánea desarrolló en Espinel una agilidad en las consolas y la calma para solucionar cualquier imprevisto en el camino.

A pesar que el luminotécnico ensaya con los actores, está consciente que el plano final de iluminación se define en el momento que conoce las instalaciones del espacio donde se efectuará la presentación. El montaje de preferencia se lo realiza con uno o días previos.

Con la compañía de mimo corporal dramático tuvo la oportunidad de conocer algunas salas de artes, dentro y fuera del país. Espacios que lo tenían todo en la parte técnica pero también aquellos donde no y entonces rigiéndose a lo esencial adaptaban el espectáculo sin perder la

calidad visual, sonora y mucho menos la actoral. “A veces temblando con los dedos en la consola hacíamos de todo”, recuerda Espinel.

Como técnico de luces, Espinel aprendió a dar contornos y brillos a los elementos en escena, a la ropa de los personajes, a crear profundidades con luces back. Pero el también actor confiesa que el gozo más grande lo siente cuando está sobre el escenario, actuando.

Por ahora es docente de fotografía y espera volver pronto al teatro. Operar luces para espectáculos teatrales le otorgó una visión más amplia del trabajo detrás de escena y no descarta volver a hacerlo.

 

Jéssica Manzano Zapata, directora de arte

Construye sobre el escenario un mundo alterno

Cuando Jéssica Manzano Zapata tiene a su cargo la construcción de una escenografía se la puede ver de un lado a otro cargando tablas de maderas, planchas de cartón, y demás. El estilete, la pistola de silicón y su canguro son las herramientas infaltables a la hora de crear un mundo alterno sobre el escenario.

Nació en Quito pero desde su infancia ha vivido en Guayaquil. Es licenciada en Diseño de Interiores y actualmente trabaja como directora de arte para videos musicales y obras de teatro.

Sintiendo por esta última una mayor conexión.

Su gusto por construir despertó en el colegio, cuando por segunda vez vio la materia de carpintería “No estoy al nivel de un carpintero, pero me permitió manejar acabados, sacar escuadras, etc.”

Fue con la llamada de su mejor amiga que entró al mundo del teatro. “Generalmente me llamaba la semana antes de que se estrene la obra y yo iba en el tiempo libre que tenía”, comenta. Fue así como por curiosidad y gusto colaboró con Daemon en Frankenstein, Scrooge, Peter Pan y El Mago de Oz.

En los años posteriores fue productora de arte en Pinocho y El libro de la selva. Sus creaciones también han formado parte de puestas en escenas de microteatro como Emilia de Carolina Piechestein, donde tuvo que fabricar el ambiente de una cocina que simule una casita de muñeca de cartón.

Este oficio le ha enseñado a trabajar contra tiempo, cuando la presentación está a la vuelta de la esquina confiesa experimentar una adrenalina increíble, donde todos corren y trabajan sin parar. Ella siempre busca que las escenografías grandes sean las primeras en estar listas, indica que todo se consigue gracias al talento humano del equipo de trabajo, el arma secreta para Manzano.

Resume su trabajo en una sola palabra -amor-. Disfruta cuando ve el resultado final sobre el escenario, pero la emoción es mayor cuando escucha las reacciones del público, en especial de los niños, quienes suelen demostrar su asombro al ver lo vistoso de la escenografía.

Para Manzano esta es la verdadera recompensa y otra manera de vivir el teatro. “El poder ser parte de eso y ayudar a crear esa magia es algo muy motivador”, agrega.

La joven de 27 años se visualiza como actriz, por lo que se está preparando para cumplir esta misión. Considera que el trabajo de las personas tras bambalinas tiene poca difusión y que la mejor manera de valorar el quehacer del equipo de producción es convocándolos para los siguientes proyectos. “Es darles esa oportunidad a que se integren al medio y que ellos sigan construyendo su camino”, puntualiza.

 

Jonathan R. Estrella, vestuarista y ambientador

La vestimenta es otra forma de explorar el espacio escénico

Su trabajo se desarrolla antes, durante y después de una presentación teatral. Cuando el director da la pauta para entrar a escena, Jonathan R. Estrella también entra en su papel de vestuarista. Listo a todos los cambios de prendas por los que los actores deben pasar en cada función artística.

Su rol va más allá de solo vestir al elenco, para él se trata de apropiarse de la estética visual y aportar un recurso extra al personaje en escena. “Vestir actores/actrices es vestir personajes, esa exploración es la que más cuesta y disfruto, porque cada cuerpo tiene una historia distinta en la vida”, indica.

Su trabajo arranca desde el momento que se reúne con el director general de la obra. Con guion en mano discuten sobre cada personaje de la historia: su aporte y sus posibles sentimientos. “Se abren muchas posibilidades, y dentro de esas posibilidades comienza el juego de seleccionar colores, cortes, formas, corporalidad, etc. ”

El joven guayaquileño ha trabajado para varias obras de teatro como Closer bajo la dirección de Montse Serra; Cenicienta dirigido por Jaime Tamariz; Beetlejuice del grupo de teatro Cuarto Vacío. Pero el cine también ha sido testigo de su trabajo, en Sin Muertos no hay Carnaval de Sebastián Cordero se desempeñó como asistente de vestuario.

Dentro de su función ha tenido grandes retos. En la obra Un dolor infinito estuvo detrás de bambalinas asistiendo a los 48 cambios de vestuarios que los actores hicieron en el transcurso de la obra, todos ambientados a la época. Una prueba de velocidad y precisión para él, experiencias que recuerda con mucha comodidad y aprecio.

A Estrella se lo puede ver visitando tiendas de tela o pulgueros, buscando el atuendo ideal que muchas veces es transformado en uno nuevo. Arma, desarma y vuelve a empezar, no importa con tal de conseguir el look ideal para el elenco. “La idea siempre ha sido proyectar lo que se quiere decir, para que sea leído como intencional desde mi lenguaje escénico”, argumenta.

En medio del proceso de creación las dudas suelen aparecer pero él las traduce como un aporte de cosas nuevas, una oportunidad para mejorar su producto.

Conoce el teatro desde otras posiciones, es actor y ambientador. “En el teatro no es suficiente con ser actor, tomé talleres de iluminación, caracterización de vestuario, ambientación.

Normalmente me muevo en el medio haciendo una o todas la anteriores dentro de una obra teatral, desde cada acción puedo hacer o replantear ideas en una propuesta escénica”.

Amanecidas, angustias, dedicación y mucho tiempo son las palabras claves que emplea para definir el trabajo que se ejecuta detrás de los telones. Algo que expresa es valorado por cada uno de las personas de la producción. “Todo ese valor lo damos nosotros mismos, las personas que estamos detrás, desde que se enciende una luz en el teatro hasta cuando llega el abrazo final de despedida”. (E)

Personajes que se quedan entre bambalinas
Teatro
2019-03-27T00:01:21-05:00
Todos con su aporte, como el engranaje de un motor, logran que el espectáculo teatral se lleve adelante.
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