Deconstrucción y desconcierto

4 de Abril, 2019
4 Abr 2019
4 de Abril, 2019 - 00h00
4 Abr 2019

Deconstrucción es el término que identifica a una escuela filosófica que, partiendo de la separación de los elementos del discurso literario o cultural, analiza sus aciertos, errores o inconsistencias. En el lenguaje coloquial, el significado de esta palabra es similar, pues se la equipara con la acción de descomponer, desarmar o desintegrar algo. En esta columna la utilizo para nombrar al momento histórico actual que lo planteo como uno en el cual los baluartes y referentes tradicionales que buscan la unidad y el funcionamiento de los sistemas de convivencia social son permanentemente analizados, criticados y muchas veces desechados, porque se considera que representan obstáculos a la vigencia de formas de vida más evolucionadas y mejores.

La humanidad vive una época marcada por la apertura global a la información sobre la historia, los hechos y las personas. Todos podemos observar todo y somos, por supuesto, sujetos de observación por parte de los otros. Esa constante mirada individual y colectiva a la realidad social, a su estructura y a los individuos produce rupturas en la consistencia del andamiaje tradicional y en sus paradigmas culturales que son atacados continuamente, sobre todo porque el comportamiento de los individuos que los representan y defienden es, en muchos casos, incoherente con ellos. Esta realidad produce el rechazo a las personas y colateralmente, y esto es lo más grave, a los conceptos que justifican la existencia de una determinada institucionalidad social. La incoherencia de las conductas individual y grupal frente a formas de convivencia social aceptadas y defendidas alimenta la crítica al sistema y destruye las ideas concebidas como referentes de la vida en sociedad.

Lo que se consideraba excelso porque respondía a cánones preestablecidos no es aceptado necesariamente como tal por quienes sostienen que los criterios son relativos y que todo tiene igual valor. La opinión del sabio es igual a la del que no conoce y, quizá mucho menor, porque nadie conoce al sabio, ni quiere conocerlo, y sí al “influencer” que proviene de los medios de comunicación, farándula, deporte o del ámbito del entretenimiento. La sociedad se ha aplanado en sus criterios y en sus valores. El virtuoso o el que quiere serlo es objeto de mofa por quienes consideran que todo es posible moralmente y más bien quien ejerce su libertad en el marco de principios y valores tradicionales es fuertemente combatido. Esta situación de aplanamiento y ruptura de lo convencional es el ámbito propicio para la emergencia de nuevos referentes de conexión moral que necesitan adeptos, porque la desintegración conlleva la aparición de nuevas propuestas con las cuales la gente pueda identificarse, construyendo así los nuevos paradigmas.

La deconstrucción de las instituciones y categorías sociales como método de comprensión es válida, pese a que provoque desconcierto. En este escenario, el desafío podría ser redoblar esfuerzos para fortalecer y reposicionar algunos referentes tradicionales que han demostrado su eficacia como fundamentos de la civilización a lo largo del tiempo, y para lograrlo se requieren sólidos compromisos personales para alcanzar cada vez mejores niveles de coherencia con el discurso. Quizá, ahí, cuando prediquemos con el ejemplo, el discurso moral tradicional podrá adquirir renovada vigencia en la práctica.

(O)

Deconstrucción y desconcierto
Deconstrucción y desconcierto
2019-04-04T00:00:44-05:00
El Universo

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