Notre Dame de París

18 de Abril, 2019
18 Abr 2019
18 de Abril, 2019 - 03h56
18 Abr 2019

Nuestra Señora, en honor de la Virgen María, es el nombre en español de la catedral que sufrió el incendio que destruyó gran parte de su estructura, algunas obras de arte irreemplazables y ciertas invaluables reliquias. Muchos, en todo el planeta, lamentamos profundamente este hecho cuyas causas están siendo investigadas por la justicia francesa. Otros, en cambio, celebran este acontecimiento y expresan su aspiración para que nuevos monumentos católicos, símbolos de la historia europea, sigan la misma suerte, pues están convencidos de que es necesario destruir los referentes sagrados para que una nueva era se instale ya sin el peso de la tradición y de la búsqueda de ciertas formas de virtud consideradas como relativas y finalmente irrelevantes para la convivencia.

La Europa contemporánea se ha alejado de una parte de su historia, ha renegado de ella y la ha reemplazado por consideraciones y búsquedas que priorizan la realización sin límites del placer y la satisfacción individual, desechando formas de convivencia basadas en el espíritu cristiano que reivindica el amor al prójimo, la compasión y otros valores esenciales que han sido el sostén, por milenios, de la civilización occidental. Rechazan su historia y se abren a otras formas culturales planteadas y cultivadas por ellos, que glorifican el laicismo y sus variaciones racionalistas, enarbolando como conductas a seguir los excesos y desenfrenos. Incorporan además manifestaciones religiosas que no admiten contradicción y exigen sumisión, so pena de aniquilación, porque ese es su mandato divino.

Esa poderosa fuerza que quiere destruir el pasado y que ve en lo católico al enemigo a vencer, propone en su lugar individualismo y apertura a las posibilidades que se desprenden del ejercicio de una libertad sin referentes sagrados ni jurídicos. No actúa solamente en Europa, sino que ha permeado instituciones internacionales de derecho público y muchos países que consideran como insulsa la búsqueda de coherencia del hombre con lo divino y en su lugar plantean su encadenamiento indisoluble a sus instintos y apetitos, en una suerte de apología del hedonismo y del nihilismo.

El dolor que a muchos nos causa el incendio de la Catedral de Notre Dame, convertida desde hace mucho, por mandato del Gobierno francés –pese a la oposición de las autoridades católicas de ese país– también en sitio turístico en el cual se comercializaban mercancías, para muchos no es sino una muestra más de la decadencia y el desmoronamiento de una vieja cultura, la occidental, porque Nuestra Señora no es el único templo católico utilizado como local de comercio, pues lo mismo pasa con la Iglesia del Sacré-Cœur, la Madeleine o la Sainte Chapelle, todos lugares sagrados dedicados al negocio del turismo.

Sin embargo, pese a que la gravedad de la destrucción de uno de los templos católicos de mayor significación para el cristianismo a muchos les llena de desesperanza y pesimismo, debemos los creyentes potenciar la defensa de los valores cristianos como fundamentos civilizatorios valiosos en el mundo contemporáneo y en el del futuro, y hacerlo en el escenario discursivo dibujado por el concepto de tolerancia planteado por quienes lo esgrimen con vehemencia, pero cuando les toca aplicarlo, no lo hacen porque se opone a sus unidimensionales criterios. (O)

Notre Dame de París
Notre Dame de París
2019-04-18T03:56:12-05:00
El Universo

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