Caso Assange y la posverdad

2 de Mayo, 2019
2 Mayo 2019
2 de Mayo, 2019 - 00h00
2 Mayo 2019

Los medios comunicaron esta semana que parte del equipo de abogados de Assange solicitó a la Fiscalía General del Estado que se investigue un supuesto espionaje contra su cliente, durante el último año que permaneció refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres.

Una suerte de paradoja, por decir lo menos.

Estos siete años en que el hacker estuvo asilado y su posterior expulsión y arresto han abierto distintas discusiones.

Donde particularmente he observado, por lo menos, tres enfoques paralelos: uno, en el que menos se ha profundizado, que tiene que ver con la libertad de expresión y el rol de WikiLeaks y Assange en ese contexto; otro, tal vez el más técnico, que se refiere a los procesos diplomáticos de asilo, salida y arresto de Julian Assange; y el tercero, el más básico, visceral e inútil, el que usa el hecho desde una posición política, que no tiene nada que ver con la libertad de expresión o con un país que estuviera comprometido realmente con algún tipo de defensa o justicia.

Al revisar las redes sociales, pululan confundiéndose entre sí estas tres discusiones, la mayoría con opiniones o argumentos que dan la sensación de que cada uno habla sin escuchar, asumiendo un discurso relativizado por sus propios intereses; donde opiniones y juicios se empiezan a generalizar, pero más que desde una posición adecuadamente sustentada, desde una esquina más cercana a la posverdad.

La posverdad se ha definido como un contexto cultural e histórico en el que la contrastación empírica y la búsqueda de la objetividad son menos relevantes que la creencia en sí misma y las emociones que genera a la hora de crear corrientes de opinión pública.

Es decir, una distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales.

Grayling, filósofo, humanista y pensador británico, dice que el fenómeno de la posverdad es sobre “Mi opinión vale más que los hechos”. “Es terriblemente narcisista, y ha sido empoderada porque todos pueden publicar su opinión”.

Así, a pesar de tener como nunca el acceso a la información y su verificación, se abre un escenario en el que las creencias personales parecieran pesar más que los hechos objetivos para definir y moldear la opinión pública.

Grayling advierte, también, que el problema es una cultura online que es incapaz de distinguir entre realidad y ficción, y advierte que hoy unos pocos reclamos en Twitter tienen el mismo peso que una biblioteca llena de investigaciones.

En una sociedad donde no se promueven el pensamiento crítico y el cuestionamiento, donde se vive a través de la velocidad, el hígado y la opinión, ¿qué impacto tiene la libertad de expresión? ¿Sabemos convivir con esa libertad? ¿Será necesaria para la posverdad, una poseducación?

Hay más preguntas que respuestas y más likes que preguntas.

(O)

Caso Assange y la posverdad
Caso Assange y la posverdad
2019-05-02T00:00:45-05:00
El Universo

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