Biblioteca

2 de Mayo, 2019
2 Mayo 2019
2 de Mayo, 2019 - 00h00
2 Mayo 2019

Todos estamos familiarizados con el significado de esta palabra. Algunos guardan el recuerdo de bibliotecas familiares, escolares, las del colegio o de las universidades. Esos conjuntos organizados de libros y conocimientos representan una de las facetas más etéreas y al mismo tiempo concretas de una humanidad que se pregunta, aprende, propone interrogantes y formula respuestas. Para muchos, los libros son tesoros celosamente guardados y ocupan un espacio luminoso en su memoria, en su presente y son los fundamentos para su proyección al futuro. Los primeros libros leídos son indelebles recuerdos atados a sus vidas y a sus mejores evocaciones. Las aventuras en las obras de Salgari, Verne, Dumas o el drama en las novelas de Víctor Hugo, Thomas Mann, Capote y en la de otros incontables escritores forman parte de la vida de muchas personas. El pensamiento nacional de poderosos autores como Montalvo, Peralta, Carrera Andrade o la narrativa de Aguilera Malta, Dávila Andrade, Icaza y tantos otros se encuentran en libros cuidadosamente ubicados en nuestras bibliotecas. Los libros están siempre esperándonos para que los descubramos. Cuando nos conectamos con lo que dicen sus páginas, nos apropiamos de su mensaje. André Maurois, notable ensayista francés del siglo XX, nos ha legado su célebre frase: “La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en el que el libro habla y el alma contesta”.

Y también están los libros profesionales, los relacionados con las ciencias naturales y las ciencias sociales que forman parte de las bibliotecas de muchas instituciones y claro de las de educación superior. Son conocimientos que reflejan la faceta cognitiva y espiritual de la humanidad y nos definen como especie. Cuando las sondas espaciales Voyager fueron lanzadas al espacio, la primera en la década de los setenta, la intención fue llevar el mensaje de la humanidad concentrado y organizado en una estantería diferente, un disco de oro, que contenía información con música de la Tierra, saludos en diferentes lenguas, sonidos del planeta… una biblioteca espacial.

En ese escenario de la cultura humana, común a todas las sociedades, se encuentra la recientemente renovada biblioteca Hernán Malo de la Universidad del Azuay de la ciudad de Cuenca, que fue presentada como un aporte a la sociedad y a la comunidad universitaria. Sus espacios renovados, que cuentan con un sistema de generación de energía solar con paneles fotovoltaicos, se integran a la naturaleza viva de jardines y terrazas vegetales permitiendo el acceso a 18.000 volúmenes y a un fondo bibliográfico de 60.000 ejemplares. En sus luminosos espacios caben 350 personas. Utiliza tecnología de punta para su interconexión con todo el mundo. Cuenta con acceso a bases de datos digitales: Scopus, Ebsco, Proquest, Elibro, Ebrary, Uptodate y Lexis; y, emplea inteligencia artificial para el reconocimiento facial de los usuarios y el funcionamiento del sistema My Reader, un moderno dispositivo de ayuda para personas con discapacidad visual que permite reproducir auditivamente textos en formato físico o digital.

Esta renovada biblioteca al servicio de la sociedad local, nacional e internacional es una materialización de la filosofía institucional de la Universidad del Azuay que se sintetiza en la afirmación de ser la casa de la razón y del corazón.

(O)

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2019-05-02T00:00:45-05:00
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