Mujeres en la cumbre

30 de Mayo, 2019
30 Mayo 2019
30 de Mayo, 2019 - 00h19
30 Mayo 2019

Si bien una columna siempre es subjetiva y parte desde una postura decididamente arbitraria, la de hoy es peor, porque se suma la ignorancia sobre el tema y el desconocimiento de su estado del arte.

Lo que pretendo es compartir mis experiencias que vienen desde una posición de hombre, formado en colegio masculino de iglesia y criado en una sociedad conservadora, cercada por el miedo y la polarización, como fueron los años de Pinochet en Chile.

Desde hace un par de años, la situación de la mujer ha logrado instalarse en el centro del debate público, llegando en casos a ser un tema hipermediatizado a raíz de los movimientos #metoo y #niunamenos y las manifestaciones del 9M, entre otros, donde se observa un trabajo por lograr igualdad laboral, bajar los niveles de acoso y violencia y legitimizar la figura de la mujer en los distintos ámbitos.

En mi caso, he tenido poca vinculación, siempre con un discurso políticamente correcto de apoyo, pero poco involucrado con acciones concretas que excedan el ámbito de la comunicación. Sin embargo, en el último tiempo me tocó vivir tres experiencias que me hicieron ampliar la mirada y, al menos, detenerme a reflexionar con mayor profundidad sobre este tema.

El primero puede parecer una tontera, algo menor, pero tuvo un impacto potente. Fui acompañado de mi hija a ver una obra de teatro a Muégano. Al terminar la obra, el director de ese espacio, Santiago Roldós, entró al escenario y en una conversación con el público empezó a referirse a ellos como “nosotras”, al principio pensé que era un error, pero luego fue recurrente.

Saliendo del teatro lo comentamos con mi hija y nos llevó a abordar el tema de la mujer, al rato comentamos también cómo pequeñas acciones como esa aparecen de manera disruptiva y generan un efecto mucho mayor que las mediáticas discusiones sobre el “otros, otras y otres”.

El segundo hecho sucedió en la rendición de cuentas del Senae (Servicio Nacional de Aduanas del Ecuador), donde luego del informe me tocó presenciar una reunión entre las mujeres de esa institución, convocada por su directora, María Alejandra Muñoz. Eran cerca de un centenar de mujeres y lo que se vivió ahí es difícil de describir, se abrió un diálogo íntimo y profundo sobre las situaciones laborales y personales de las asistentes, conmovedor, fuerte, generando en mí una empatía que no había experimentado con ningún post o declaración.

El tercer hecho fue similar al segundo, asistí a unas conferencias de la Cumbre Mundial de Mujeres que se realizó en Guayaquil, y volví a sentir esa fuerza que se proyecta entre ellas, sin importar si el tema era político, social o económico.

Al final, esto es mucho más que una moda o una tendencia. Mucho más que un hashtag ahogado entre tanta infoxicación.

No soy la persona que puede dar lecciones morales sobre el tema, es más bien una invitación a traspasar la barrera del discurso, a dejar de lado esa visión de un machismo arrinconado y levantar la cabeza para conectarse, para entender y, si se puede, para participar. (O)

Mujeres en la cumbre
Mujeres en la cumbre
2019-05-30T00:19:45-05:00
El Universo

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