¿Positivos encuentros fraternales?

5 de Junio, 2019 - 18h31
5 Jun 2019 - 18:31
5 de Junio, 2019 - 18h31
5 Jun 2019

El reciente fin de semana tuve la inmensa satisfacción de ser invitado, al igual que otros exprofesores, y participar en las reuniones de dos grupos de mis antiguos alumnos del colegio San José La Salle, que conmemoraban uno cincuenta y otro treinta años de su graduación como bachilleres, al culminar su segunda etapa de formación.

Una organización prolija, puntualidad, lugares y espacios apropiados, maestros de ceremonias que parecían profesionales, atención esmerada, trato afable, música y baile casi como en los tiempos juveniles, comida exquisita y bebidas sin exceso.

Todo estupendo.

Bueno, casi todo, porque me apené cada vez que tuve dificultad para recordar los nombres, particularmente de quienes no he vuelto a tratar, porque no volvieron a ser mis alumnos en la universidad o no he tenido oportunidad de alternar con ellos o simplemente porque son muchísimos para mi memoria.

Los actuales medios de comunicación permiten participar no solamente a quienes siguen viviendo en Guayaquil, Samborondón o Daule, sino también a los que residen en otras ciudades del país y también en el extranjero.

Aun algunos de los que no pudieron llegar, desde otros lares, dentro y fuera del país, se hicieron presentes mediante grabaciones enviadas oportunamente o por videoconferencias, produciendo la algarabía general.

Cada grupo tiene sus expertos para toda actividad. Ellos se complementan entre bromas y sonrisas. Las rivalidades estudiantiles entre físico-matemáticos, químico-biológicos y filosófico-sociales se han superado. Solo observé respeto, colaboración, camaradería y afecto.

El tiempo de competencias ha pasado… ahora tienen objetivos comunes: reunirse, saludarse, compartir y seguir haciendo las mismas ocurrencias y comentarios de antaño, pero entre risas y expresiones de afecto.

He calificado a estos encuentros como fraternales porque esa es la sensación que tuve, lo que percibí flotando en el ambiente, en las expresiones corporales, particularmente en las palabras, en las atenciones y preocupaciones.

Ahora, preparando esta nota, no de calificación sino periodística, siento que debo expresarles que a todo lo bueno que han podido hacer y hacen, personalmente y con su familia, si no lo hacen ya, añadan una manera de crear o apoyar, como promoción unida, una obra social específica, en beneficio de un grupo concreto de los más necesitados de su entorno.

Si cada una de las promociones de todo colegio, también del suyo, amable lector, aportara para la solución de un problema social, aunque sea parcial, haríamos un gran trabajo en beneficio de quienes tienen sus principales necesidades insatisfechas.

Hay mucho por hacer en nuestras comunidades: ¿podríamos lograr soluciones, aunque sean parciales, gracias a las generosas iniciativas que partan de los encuentros fraternales con nuestros compañeros de colegio y los aportes que se consigan?

Una alternativa podría ser apoyar a las obras sociales que ya existen y que no siempre alcanzan a cubrir sus presupuestos mensuales, a tal punto que podrían extinguirse.

Habiendo muchas urgencias que requieren soluciones de planificación y presupuesto inmediatas: ¿qué podemos hacer? ¿Considera posible que pueda funcionar lo propuesto? ¿Cómo?

¿Sería tan amable en darme su opinión? (O)

¿Positivos encuentros fraternales?
El reciente fin de semana tuve la inmensa satisfacción de ser invitado, al igual que otros exprofesores, y participar en las reuniones de dos grupos de mis antiguos alumnos del colegio San José La Salle, que conmemoraban uno cincuenta y otro treinta años de su graduación como bachilleres, al culminar su segunda etapa de formación.
2019-06-05T18:31:58-05:00
El Universo

Te recomendamos